Manejo de la otitis media
La otitis media aguda es una de las enfermedades más frecuentes en pediatría, la incidencia máxima se produce entre los 6 y 18 meses de vida y a los 3 años de edad, el 80% de los niños ha tenido por lo menos un episodio.
Debido a que el 80% de los casos tiene resolución sin uso de antibióticos, en los últimos años se ha puesto de manifiesto la estrategia de tratamiento sólo con analgesia1, pero la curación depende del germen causante. El 75% de los casos de M.Catharralis curarán sin medicación, el 50% de los provocados por H.Influenzae y solo el 17% de los casos por neumococo2.
Como es muy pequeño el grupo de niños que pueda tener una complicación, sólo se medica a aquellos que tienen una mala evolución o factores de riesgo (<6 meses, bajo peso, prematuros, malformados, etc).
Se ha demostrado que el tratamiento antibiótico es muy útil porque acorta los tiempos de síntomas y aumenta la curación sobretodo, en menores de 6 meses, OMA por neumococo, fiebre elevada u otalgia intensa, otorrea y afección bilateral. Sobre esta base, la Academia Americana de Pediatría, y la de Medicina Familiar, elaboraron la guía de manejo (citada en la referencia N°1), donde se propone iniciar el abordaje sin antibióticos, seguimiento estrecho, y postergación de la incorporación de antibióticos, de ser necesarios (estrategia wait and see).
Como beneficio adicional disminuyó el consumo de antibióticos, la probabilidad de generar resistencia bacteriana y los costos en el manejo de la enfermedad.
A grandes rasgos recomiendan, medicar a todos los niños menores de 6 meses, a aquellos con fiebre y abombamiento timpánico si tienen entre 6 a 24 meses, y a los niños seleccionados si son mayores de 2 años. En los niños que no se va a medicar, brindar estrategia expectante y control en 48 horas, e iniciar medicación si persisten sintomáticos en el control.
Más recientemente, se publicaron dos trabajos que comparan el uso de medicación contra placebo para lactantes con OMA confirmada3,4. El grupo de los que fueron medicados resolvió tempranamente la sintomatología y el exudado, siendo similar el beneficio si la OMA era complicada o no. La intervención disminuyó también la recurrencia de la enfermedad, las reconsultas al pediatra y el ausentismo laboral de los padres, con el consiguiente beneficio económico. El beneficio clínico en estos trabajos es muy superior a los publicados antes en la literatura y calculan un NNT 3-4 para generar beneficio (seguramente con casos mejores seleccionados que en trabajos anteriores).
Si bien estos trabajos no contradicen a las guías del 2004, inclinan la balanza hacia el uso de antibióticos nuevamente. Las últimas guías norteamaricanas también ofrecen la observación en los mayores de 2 años sin signos de complicación5.
Pese a las recomendaciones de las guías, es llamativa la poca adherencia de los médicos a la conducta expectante. La gran mayoría ofrece antibióticos, y no recita a control a los no medicados. La causa más frecuente es el temor a la mastoiditis (3/10.000 en no medicados y 1/10.000 en medicados). Además, por el incremento de la demanda asistencial, la presión familiar por la medicación, la demora en la curación y el ausentismo escolar y laboral.
La conducta expectante debe ser una estrategia consensuada entre el médico y la familia, incluyendo el manejo del dolor y los antibióticos como rescate si no mejora.
La demanda asistencial se podría contrarrestar con una propuesta de prescripción diferida, controlada por la familia en función de persistencia o agravación de los síntomas en las primeras 72 horas6.
Referencias
1. Pediatrics 2004;113:1451-1465.
2. Pediat Infect Dis J.;1994:13:S24-S27.
3. N Engl J Med 2011; 364:116-126.
4. N Engl J Med 2011; 364:105-115.
5. Pediatrics 2013;131:964-999.
6. JAMA 2006; 296: 1235-41.