La introducción precoz de los alimentos potencialmente alergénicos en la dieta del lactante, ¿aumenta el riesgo de atopía, rinitis, eczemas o asma?
El momento de decidir cuándo iniciar la alimentación, y con qué alimentos empezar, o mejor dicho, qué alimentos debemos postergar para evitar daños en el niño, ha tenido muchas modificaciones en la última década debido a la aparición de diferentes estudios que intentan responder la pregunta del título. Y además, la progresión de la incorporación de alimentos semisólidos está muy influenciada también por fuertes mitos populares, y médicos. Durante un tiempo, las fórmulas de leche de vaca estuvieron desaconsejadas para los menores de 12 meses de vida, o los mariscos, hasta los 3 años de edad.
Entre las medidas recomendadas para disminuir la alergia alimentaria se incluyen las restricciones a las mamás del consumo de alimentos alergénicos durante el embarazo y lactancia, la promoción de la lactancia materna, el uso de leches con fórmulas hipoalergénicas y el retraso de la incorporación de alimentos (1), como el tomate, huevo, pescado, frutillas, chocolates, etc, hasta después del año de vida. Exceptuando al efecto protector de la lactancia materna frente a la alimentación con leches de fórmula que sí tiene efecto protector demostrado, todas las demás, carecen de evidencia consistente que las sostengan.
Hasta el 2001 la OMS recomendaba practicar lactancia exclusiva hasta los 4-6 meses de vida, y a partir de esa fecha la recomendación se modificó extendiéndose a los 6 meses de vida, y recién después de esa edad, iniciar la incorporación del resto de los alimentos. Este retraso de la incorporación tenía como objetivo prevenir las enfermedades alérgicas. Aunque los estudios presentados en aquel momento, y los de hoy, muestran resultados contradictorios.
Hoy en día, las guías clínicas de la asociación americana de pediatría recomienda postergar los semisólidos hasta los 4 meses de edad, en cambio los canadienses recomiendan el uso de pecho exclusivo hasta los 6 meses. Y de los diferentes comités de expertos, tanto americanos como europeos, recomiendan no introducir alimentos semisólidos, en general, antes de los 4 a 6 meses de vida. (6, 7, 8, 9).
La revisión sistemática de Tarini BA et al, publicada en el 2006 (2), que evaluó la incorporación de alimentos sólidos antes de los 4 meses de vida, evidenció que aumentaba la dermatitis atópica, pero no el resto de las enfermedades alérgicas.
El estudio mexicano coordinado por De la Rosa Morales y equipo, en el 2006 (3) analizó la asociación entre la incorporación de alimentos antes de los 3 meses de vida, y el desarrollo de enfermedades alérgicas. En la mitad de los estudios evaluados (nueve), se encontró asociación con la aparición de eczemas, y en la otra mitad no. No se encontró ninguna asociación con asma, alergia alimentaria, rinitis alérgica ni alergia a los epitelios. Y concluyó que existía una débil asociación con las dermatitis atópicas.
En el año 2008, un estudio evaluó si el retardo de la incorporación de semisólidos disminuye la aparición de las alergias (4), donde se siguió a una cohorte de más de 3000 niños durante más de 6 años, y no se encontró evidencia alguna de que bajara la presentación de eczemas, rinitis ni asma, aunque con fuertes fallas metodológicas.
Por otro lado, la revisión Cochrane del 2003 y actualizada en el 2006, refiere que la prescripción de dietas evitativas en madres alérgicas durante el embarazo, no disminuye el riesgo de alergia en los bebés (y aumenta el riesgo nutricional de la madre y el niño), pero en cambio, la protección de la alimentación materna durante la lactancia, en madres alérgicas, podría reducir el riesgo de alergias en niños. (5)
Y en la otra cara de la moneda, existen trabajos que concluyen que el retraso de la incorporación de los alimentos alergénicos aumenta el riesgo de enfermedades alérgicas, y su incorporación precoz, las previene, como es el caso del estudio sueco donde se vió que la incorporación del pescado tuvo efecto protector frente a los eczemas, así como también que la edad de introducción del huevo o la leche de vaca no tuvieron un efecto importante en relación con las alergias. (10)
Como conclusión tengamos en cuenta que en la actualidad, las enfermedades alérgicas están presentes en el 20% de los niños menores de un año. Las causas probables son multivaribales, (lactancia, tabaquismo, polvo ambiental, ácaros, humedad, mascotas, alimentos, medicamentos, etc), pero lo único probado hasta el momento es que los niños que tienen más riesgo, son aquellos con familiares directos con esas enfermedades.
Por lo tanto, la recomendación de diferir la incorporación de algunos alimentos para disminuir las manifestaciones alérgicas no tiene sustento, y si nos vemos obligados a pensar en ellas, recordemos que de las probables causas alérgicas de origen alimentario, la más frecuente por lejos, es la leche de vaca, de consumo universal desde muy tempranas edades (muchísimo antes de lo recomendado en la práctica del 80% de los niños).
(1) Arch Dis Child. 1999;81:80-4.
(2) Arch Pediatr Adolesc Med. 2006; 160:502-7.
(3) Evid Ped 2006:2:51
(4) Evid Ped 2008:4;36
(5) Kramer MS, Cochrane database Syst rev. 2006 Jul 19,3:CD000133
(6) Greer FR, Pediatrics 2008; 121:183.
(7) Fleischer DM, J Allergy Clin Immunol: In Practice 2013; 1:29.
(8) Muraro A, Pediatr Allergy Immunol 2004; 15:291.
(9) Grimshaw KE, Allergy 2009; 64:1407.
(10) B Alm, N Ǻberg, L Erdes, Department of Paediatrics, University of Gothenburg, Queen Silvia Children´s Hospital, Gothenburg,Sweden. Arch Dis Child 2009; 94:11-15
Entre las medidas recomendadas para disminuir la alergia alimentaria se incluyen las restricciones a las mamás del consumo de alimentos alergénicos durante el embarazo y lactancia, la promoción de la lactancia materna, el uso de leches con fórmulas hipoalergénicas y el retraso de la incorporación de alimentos (1), como el tomate, huevo, pescado, frutillas, chocolates, etc, hasta después del año de vida. Exceptuando al efecto protector de la lactancia materna frente a la alimentación con leches de fórmula que sí tiene efecto protector demostrado, todas las demás, carecen de evidencia consistente que las sostengan.
Hasta el 2001 la OMS recomendaba practicar lactancia exclusiva hasta los 4-6 meses de vida, y a partir de esa fecha la recomendación se modificó extendiéndose a los 6 meses de vida, y recién después de esa edad, iniciar la incorporación del resto de los alimentos. Este retraso de la incorporación tenía como objetivo prevenir las enfermedades alérgicas. Aunque los estudios presentados en aquel momento, y los de hoy, muestran resultados contradictorios.
Hoy en día, las guías clínicas de la asociación americana de pediatría recomienda postergar los semisólidos hasta los 4 meses de edad, en cambio los canadienses recomiendan el uso de pecho exclusivo hasta los 6 meses. Y de los diferentes comités de expertos, tanto americanos como europeos, recomiendan no introducir alimentos semisólidos, en general, antes de los 4 a 6 meses de vida. (6, 7, 8, 9).
La revisión sistemática de Tarini BA et al, publicada en el 2006 (2), que evaluó la incorporación de alimentos sólidos antes de los 4 meses de vida, evidenció que aumentaba la dermatitis atópica, pero no el resto de las enfermedades alérgicas.
El estudio mexicano coordinado por De la Rosa Morales y equipo, en el 2006 (3) analizó la asociación entre la incorporación de alimentos antes de los 3 meses de vida, y el desarrollo de enfermedades alérgicas. En la mitad de los estudios evaluados (nueve), se encontró asociación con la aparición de eczemas, y en la otra mitad no. No se encontró ninguna asociación con asma, alergia alimentaria, rinitis alérgica ni alergia a los epitelios. Y concluyó que existía una débil asociación con las dermatitis atópicas.
En el año 2008, un estudio evaluó si el retardo de la incorporación de semisólidos disminuye la aparición de las alergias (4), donde se siguió a una cohorte de más de 3000 niños durante más de 6 años, y no se encontró evidencia alguna de que bajara la presentación de eczemas, rinitis ni asma, aunque con fuertes fallas metodológicas.
Por otro lado, la revisión Cochrane del 2003 y actualizada en el 2006, refiere que la prescripción de dietas evitativas en madres alérgicas durante el embarazo, no disminuye el riesgo de alergia en los bebés (y aumenta el riesgo nutricional de la madre y el niño), pero en cambio, la protección de la alimentación materna durante la lactancia, en madres alérgicas, podría reducir el riesgo de alergias en niños. (5)
Y en la otra cara de la moneda, existen trabajos que concluyen que el retraso de la incorporación de los alimentos alergénicos aumenta el riesgo de enfermedades alérgicas, y su incorporación precoz, las previene, como es el caso del estudio sueco donde se vió que la incorporación del pescado tuvo efecto protector frente a los eczemas, así como también que la edad de introducción del huevo o la leche de vaca no tuvieron un efecto importante en relación con las alergias. (10)
Como conclusión tengamos en cuenta que en la actualidad, las enfermedades alérgicas están presentes en el 20% de los niños menores de un año. Las causas probables son multivaribales, (lactancia, tabaquismo, polvo ambiental, ácaros, humedad, mascotas, alimentos, medicamentos, etc), pero lo único probado hasta el momento es que los niños que tienen más riesgo, son aquellos con familiares directos con esas enfermedades.
Por lo tanto, la recomendación de diferir la incorporación de algunos alimentos para disminuir las manifestaciones alérgicas no tiene sustento, y si nos vemos obligados a pensar en ellas, recordemos que de las probables causas alérgicas de origen alimentario, la más frecuente por lejos, es la leche de vaca, de consumo universal desde muy tempranas edades (muchísimo antes de lo recomendado en la práctica del 80% de los niños).
(1) Arch Dis Child. 1999;81:80-4.
(2) Arch Pediatr Adolesc Med. 2006; 160:502-7.
(3) Evid Ped 2006:2:51
(4) Evid Ped 2008:4;36
(5) Kramer MS, Cochrane database Syst rev. 2006 Jul 19,3:CD000133
(6) Greer FR, Pediatrics 2008; 121:183.
(7) Fleischer DM, J Allergy Clin Immunol: In Practice 2013; 1:29.
(8) Muraro A, Pediatr Allergy Immunol 2004; 15:291.
(9) Grimshaw KE, Allergy 2009; 64:1407.
(10) B Alm, N Ǻberg, L Erdes, Department of Paediatrics, University of Gothenburg, Queen Silvia Children´s Hospital, Gothenburg,Sweden. Arch Dis Child 2009; 94:11-15